martes, 2 de mayo de 2017

El victimismo del opresor como defensa

sé EQUOlogico

Existe un discurso muy peligroso que se está empezando a instalar, discurso de cuyo éxito somos en parte culpables la izquierda y corrientes ideológicas afines, como la del ecologismo. Vean en el siguiente enlace un artículo publicado en El Mundo, “De la posverdad a la poscensura: obsesionados con no ofender”. Digiéranlo y vuelvan después a este post.


Parte de lo expuesto tiene sentido, que haya parte de la población que está cansada de estar siendo corregida en sus comportamientos y formas de hablar de manera reiterada. Y que, finalmente, la incorrección política es vista como algo de admirar por estas personas puesto que se han visto saturadas. Hasta aquí, bien, es cierto que muchas personas esgrimen este tipo de argumentos o se dicen hartos de la necesidad de ser políticamente correcto. Y pasa entonces a comparar la “corrección política” de izquierdas con el “puritanismo censor” de la derecha. A poner en el mismo nivel la persona señalada por decir una barbaridad machista en un colegio o tribuna pública al medio que censura los pezones de una mujer en una obra de arte.

No nos parece de recibo. Podremos debatir sobre las formas de comunicarse desde la izquierda y otros movimientos. Podremos debatir sobre su efectividad. Podremos debatir incluso sobre el grado de coherencia entre el discurso público de estas organizaciones progresistas y sus actos. Pero no, no podemos debatir que la forma con la que se exprese una idea refute a su contenido.

Es decir, ¿las ideas de los movimientos progresistas quedan invalidadas por la manera en que son comunicadas? ¿Las invalida acaso que el colectivo opresor o co-responsable de la situación a combatir se sienta atacado o abrumado por los dedos señaladores?

Moha Gerehou, de SOS Racismo,  lo refleja muy bien en este tweet.



Quizás estemos desviando bastante el debate como sociedad si lo que preocupa es que no esté bien visto decir “maricón”, “feminazi”, “negrata” en vez de luchar contra las agresiones homófobas, la violencia machista y la opresión racial.

Lo sentimos, amigas y amigos, no os escudéis en el victimismo de que sois señalados por tener comportamientos homófobos/machistas/racistas: asumid que vuestro comportamiento crea pensamiento, y que debéis cambiarlo porque cuanto más arraigados estén el machismo, la homofobia y el racismo en la sociedad, más legitimados se verán los agresores.


¿Por qué? Porque vuestro sufrimiento momentáneo cuando alguien os saca los colores al señalar ese comportamiento no es comparable al sufrimiento y opresión que puede sufrir un colectivo. Y, sobre todo, nadie os está hablando desde ningún altar de superioridad ética (ni debe, si lo hace). El pecado no está en tener comportamientos y tics machistas, racistas u homófobos en una sociedad que lo es y donde te has criado. El pecado está en saberlo y no intentar ponerle remedio, el pecado está en escudarte en argumentos victimistas como los de ese artículo de Juan Soto Ivars.